Estudios, talleres y cafés de artista

PROSPECTO. INFORMACIÓN PARA EL USUARIO DEL TEXTO:

Esto es un texto mestizo entre ruta turística y reflexión teórica.

No debe leerse con perspectivas de encontrar un acercamiento científico a la realidad histórica ni cultural del momento.

La selección de los locales, artistas y acontecimientos reflejados aquí son el resultado del azar y la subjetividad absoluta.

El objetivo final del proyecto es añadir un tallo más al rizoma cultural de Zaragoza.

Si considera que nuestra aportación es innecesaria, irrelevante o carece de rigurosidad puede consultar a su académico o biblioteca más cercanos.


En esta ruta vamos a perseguir físicamente los lugares de producción artística de la época contemporánea zaragozana. El artista, su modo de vida y de producción. Desde los locales de reunión más populares del siglo XIX, los cafés, hasta los últimos modos y maneras de creación cultural, que en muchas ocasiones trascienden el antiguo paradigma del genio masculino individual y sus musas, que tan bien refleja el artista aragonés más icónico y reverenciado, Goya, al que no atenderemos en esta ruta. Entendemos aquí el arte como un producto del contexto social, histórico y cultural del momento, por lo tanto no nos resignamos a dejar su lugar de nacimiento tan solo en el taller. La gestación de las obras es algo mucho más lento y procesual que incluye muchos más lugares y estímulos que los proporcionados por el taller. Tan solo en sus últimas etapas de desarrollo podemos señalar lugares sociales como cafés, talleres comunales, bares, salas de espectáculos y, últimamente, invernaderos, laboratorios de arte y hubs que proliferan en el ámbito metropolitano.

Este escrito se enlaza, además, con otras maneras de leer el relato de la historia. De un modo multidireccional queremos superar esa forma de literatura regida por los criterios retóricos de los grandes historiadores de la academia. Aunque en esa historia académica encontremos un interés genuino en la reconstrucción del pasado, sobre las bases de las evidencias arqueológicas y textuales, la historia de “grandes personajes” se queda corta incluso a la hora de buscar la vida de artistas célebres que pudieran ser considerados como tales. Los logros y fracasos de la cultura no son exclusivos de los que sujetan el pincel, o las demás herramientas, sino que corresponden a la sociedad completa que los alberga, inspira y mantiene. Y por supuesto, que les da lugares ya sea desde la iniciativa privada o pública. Estos lugares son testigo y contexto de la creación, cuando no objeto directamente de esta, y como tales les damos importancia en la línea de estudios de la Historia Social la Historia de la Vida Cotidiana, la Intrahistoria y la Historia del Arte.

Uno de los principales ejes de este imaginario que queremos recorrer son los cafés que existieron en Zaragoza durante el siglo XIX y primeros años del XX.

El café, bebida de origen africano, se populariza a partir de mediados del siglo XVIII compitiendo con el té en Inglaterra o con el chocolate en España. Su servicio se daba en locales en los que se podían reunir toda clase de gentes. Dichos locales serán el denominado “café” que tenemos todos en el imaginario popular como un pequeño local en el que se reúnen intelectuales, artistas, rebeldes, toreros y políticos de cada ciudad en el tránsito de esta hacia la modernidad.

La aparición de la costumbre del café en Europa trajo el fin de los salones nobiliarios como lugares de encuentro intelectual y artístico. La conversación elevada dejó de ser patrimonio de la aristocracia y el café pasa a convertirse en el lugar preferido de reunión y congregación social, alcanzando su cénit a finales del siglo XIX en España. Aunque ya a mediados del siglo XVIII los artistas y escritores de París comenzaron a frecuentar cada vez más cafés, como el famoso Le Chat Noir, en busca de estímulo e intercambio de ideas. Con un carácter democrático, ya que a diferencia de los salones que eran privados y de acceso restringido, a los cafés acudían personas de diferentes categorías sociales. Fueron un reflejo de la naciente democracia en la Edad Contemporánea y también un condicionante de está, pues estos espacios de sociabilidad eran en los que se difundían ideas. Era, además, frecuente que se supiera y publicitara la asistencia en periódicos de las personalidades que iban a visitar o habían visitado los cafés, aumentando el interés de los clientes potenciales. Aquí, en los cafés, se originaron acontecimientos trascendentales en la Historia Contemporánea, como conspiraciones, redacción de manifiestos, conformación de movimientos artísticos…. Junto con los teatros y los casinos eran los espacios perfectos para la socialización, la cultura, la música y el ocio. Además, estos locales simbolizaban el progreso. Su sola presencia determinaban la categoría urbana de una ciudad.

Es imposible relatar los movimientos estéticos y políticos del siglo XIX sin los cafés. Y sus principales actores fueron los responsables de poner de moda estos sitios creando lugares míticos por todo el mundo. Solo en España podemos hablar del Café Gijón, aún abierto, donde se reunieron personajes como Valle-Inclán, Pérez Galdós y García Lorca; Els Quatre Gats en Barcelona, enclave en el que coincidieron en el tiempo Santiago Rusiñol, Ramón Casas y Picasso; o el Café Novelty de Salamanca con tertulias de Miguel de Unamuno, Ortega y Gasset y Torrente Ballester.

Locales que ofrecían mucho más que una taza y calefacción, eran lugares distendidos y libres de los convencionalismos de las protocolarias “visitas” a casas. Eran espacios en los que se podía hablar y discutir de temas variados durante tardes enteras al mismo tiempo que se jugaba a los populares juegos de mesa como el ajedrez, las cartas o el dominó.

Hubo muchos cafés de este tipo en Zaragoza, la investigadora Mónica Vázquez llama a Zaragoza desde finales del siglo XVIII “la ciudad de los cafés” y relata cómo ya en 1867 había 21 locales de este tipo.

Físicamente hablando, los cafés formaban parte de edificios ya existentes en la mayor parte de los casos. Incluso algunos de ellos se alojaron dentro de antiguos conventos desamortizados. La mayor parte de estos eran bastante modestos, muy pequeños, con una sala, una barra y unas pocas mesas. En ocasiones eran otros locales los que acogían cafés en su interior como es el caso de fondas y hoteles.

Pese a este carácter humilde de muchos de ellos, hubo notables excepciones que aumentaron según avanzaba el siglo XIX. Una de las más afamadas eran los cafés cantantes. Estos locales de ocio completaban el servicio con una puesta en escena de espectáculos sonoros de carácter popular. Muy frecuentes en las grandes ciudades empezaron a caracterizarse como lugares de cante y baile flamenco, sobre todo en Andalucía, y fueron en los años sesenta relevados por los tablaos. En Zaragoza se cuenta con El Plata (Calle Agosto n.23) desde 1920, inaugurado bajo el nombre “La Conga” y que desde sus inicios se relacionó con la élite zaragozana. Su fama e importancia continúa hoy en día como refugio de un folclorismo castizo que le permitió ciertas licencias durante la época franquista que para nada hubiesen sido pasadas por alto en otros lugares de la capital aragonesa. Este particular local despierta muchos rumores e historias de la época más católica del siglo XX, las décadas de dictadura, entre los que se incluyen las historias de deseo entre militares y vedetes, la dudosa parada de Franco de camino a Hendaya a su cita con Hitler, la cerillera Serafina que vendía condones a estrangis aquí… Y es que casi un siglo de cabaret da para mucho, aunque El Plata ha tenido sus idas y venidas, en 1992 cerró por problemas urbanísticos a raíz de las nuevas normativas impuestas por el Ayuntamiento tras el incendio de la discoteca Flying en el que murieron 43 personas en 1990. Con este cierre tuvimos que esperar al 2008 para entrar otra vez por sus puertas. Bigas Luna,casado con un zaragozana, estuvo muy relacionado con la reapertura de un local de espectáculos y su particular visión de “cabaret ibérico” que retrataba la España de sus películas, incluso en su último film antes de su deceso contó con la estrella de El Plata, Imna Chopo.

Pero, volviendo a los cafés más simples y tradicionales, según Vázquez, el primer café en Zaragoza lo tendríamos ya a finales del siglo XVIII, pero los ejemplos más notables son mucho más tardíos. Nosotras nos centramos en aquellos que poblaron la ciudad a partir de la segunda mitad del siglo XIX.

Entre estos primeros cafés destaca, y mucho, el Gran Café Suizo (socio de uno anterior de Madrid que abrieron unos suizos y replicaron por diversas ciudades como Alcalá de Henares, Bilbao…) que además de tener una notable capacidad y distribución jugaba con las normas de la nueva arquitectura del hierro y el cristal popularizada en arquitecturas efímeras de las Exposiciones Universales. Aquí existieron dos amplios salones delimitados por columnas de hierro en los que se podían asistir a conciertos musicales. El término café quizás era un poco más amplio del moderno “cafetería” y en él se servían comidas y se daba alojamiento a viajeros. Entre estos visitantes destacamos a Luis Tannyon, pintor y fotógrafo de la Sociedad Oriental de Bellas Artes, que en su viaje por diversas capitales europeas como daquerrotipista ambulante paró en Zaragoza la segunda quincena de mayo de 1852. Entonces este café estaba ubicado en el Paseo de Santa Engracia, cerca de la Puerta de Santa Engracia1, hasta su traslado primero a la calle de los Sitios y más adelante a la antigua plaza de la Constitución, hoy plaza España, donde desapareció en 1916.

Pero el Gran Café Suizo no fue el lugar más destacable en los años cincuenta del siglo XIX. La calle de moda era la del Coso, y sus inmediaciones, que tenían un fuerte carácter comercial con tiendas como las confiterías y reposterías del Buen Gusto (abierta en 1850 entre los números 10-11) y la famosa La Flor de Almíbar (calle San Pedro) que fue adquirida más adelante por los Fantoba y tras 150 años sigue en activo con la arquitectura primitiva del arquitecto decorador Ricardo Magdalena, que también se encargo del Teatro Principal, ambos en estilo neoegipcio. Estos locales se complementaban con otros espacios como la Librería Pérez o la Librería Española. Y por supuesto, en esta calle tan filo-burguesa se instalaron numerosos artistas con sus estudios de pintores y fotógrafos en búsqueda de clientela de la alta sociedad zaragozana que pudiera costeárselo. Comercializaba aquí sus servicios en el número 164 del Coso, al lado de la fábrica de bastones, paraguas y sombrillas de Adolfo Greissel -indumentaria imprescindible para una sociedad en búsqueda de la representación del buen gusto que solo puede venir con el dinero-, una pintora francesa que daba lecciones de dibujo y pintura, además de realizar retratos al óleo.

Más artistas afincados en el Coso se pueden rastrear hacia los años sesenta del siglo XIX. De carácter temporal, estuvo en el número 137 el estudio de Eduardo Ruiz (pintor de la Real Academia de Bellas Artes de San Carlos de Valencia) y de Julio Planchart que realizó una serie de retratos artśiticos mediante fotografía.

El retrato era un tema artístico bastante frecuente, y rentable, en el siglo XIX dado que todos los integrantes de la clase burguesa buscaban tener varios de estos a lo largo de su vida. Desde los más baratos, y cotidianos, fotográficos a los de mayor valor monetario y más escasos pictóricos. Por ello podemos rastrear numerosos estudios de este tipo, muchos en las propias viviendas de los artistas. De entre todos estos destacamos a Mariano Júdez quien regentó el gabinete fotográfico más importante de mediados del siglo XIX en Zaragoza, y uno de los más importantes de su tiempo en España. Fue el primer fotógrafo profesional que abrió un estudio en esta ciudad y lo hace inicialmente en el Coso 18-19, hasta que en 1864 se traslada al Coso 33. Además se le considera uno de los pioneros de la fotografía de paisaje en España por sus vistas del Monasterio de Piedra y de monumentos, aunque a nosotras hoy nos interesa más su vertiente social ya que representa los usos y costumbres de los primeros estudios fotográficos. La principal fuente de ingresos de Júdez era el retrato de personalidades de la burguesía acomodada zaragozana como el escritor y político Gerónimo Borao, el teniente de alcalde Francisco Moncasi y su esposa Ana Ascaso. El fallecimiento de Júdez supuso que su hermano menor, Toribio, y Alselmo María Coyne se asociaron con la colaboración de la viuda de Júdez, Tomasa Chinar. No fueron los únicos fotógrafos que continuaron con la estela de Júdez y quedan testimonios de otros muchos: Antonio Gascón, por ejemplo, en 1860 trasladó su gabinete de su casa a un estudio junto al arco de San Roque con la calle de la Soledad en esquina con el Coso. Otro instalado en el Coso fue el de los fotógrafos Júdez y García en el número 130 en 1860. Así se empezó a definir esta calle como lugar propicio para fotógrafos que se fueron asentando allí.

Junto con las pastelerías, librerías y estudios fotográficos en el entorno del Coso se abrieron también lugares artísticos de carácter pictórico: en enero de 1861 se inauguró una Academia de Dibujo y PIntura, bajo la dirección de Nicolás Ruiz de Valdivia, en la calle alta de San Pedro, número 3. Hay que destacar que esta zona era también la del entonces Museo Provincial, en el antiguo convento de Santa Fe, lo que convertía sus calles en un espacio de socialización artística primordial. Lógicamente los museos eran muy visitados por artistas, intelectuales y burgueses cultivados que se encontraban dentro de ellos y en los cafés de sus inmediaciones para compartir y comentar ideas. Cerca del museo, de hecho, se abrió el Café de Artistas (en la calle de Pignatelli, antigua calle de la Paja) cuyo nombre hace referencia tanto a las piezas del museo como a sus asiduos visitantes.

La última vista artística hacia el Coso sería mucho más adelante en el tiempo, casi un siglo después, en el que cabe destacar como el Coso sigue siendo central en esta historia de Zaragoza, ya que los miembros del grupo Pórtico se solían reunir también casi un siglo después en la casa de Vicente García y en la de Santiago Lagunas en el número 92 del Coso que terminó convirtiéndose en punto fijo de reunión de este grupo que abrió el camino a la vanguardia en la triste España de posguerra, aún con premisas figurativas antes de que se diera el salto hacia la abstracción pictórica.

Volviendo a los cafés, y al siglo XIX, llama la atención la denominación de los mismos, siempre intentando evocar o los modernísimos cafés parisinos o la modernidad del exotismo cosmopolita de la segunda mitad del siglo XIX. En otros países este exotismo se concentró en el “Lejano Oriente”, aunque en España debido a las campañas bélicas del momento en el continente africano las alusiones territoriales se decantaron por estos otros lares. Además, por supuesto, de la decoración que hablaba de los lugares de origen del café, como en el Café del Comercio, lujosamente decorado con cristales en la parte baja de las puertas de entrada con medallones de colores vidriados con paisaje poblados de flores y delgadas figuras de la mano del artistas Pedro Pascual, que había resultado premiado ya por trabajos similares en la Exposición de Arte Aragonés de 1868.

La pintura mural y la decoración aplicada se convierte en algo común en los años ochenta para los cafés más lujosos. Es el momento de auge de la pintura decorativa y esto supone que, en su esfuerzo por representar la modernidad, muchos cafés y locales comerciales renovaron con bastante frecuencia su decoración y auspiciaron la obra de pintores locales. Por ejemplo, el Café de la Iberia practicó obras en su decorado entre las que destacamos las de la pared y techo del salón a manos del pintor Urrutia. O en 1884 el café París fue decorado por el pintor y escenógrafo Limones. Y cinco años después, en 1889, el café de Europa, en la planta baja del hotel del mismo nombre, se instaló un entoldado en la acera de la parte exterior de su muro principal, varias mesas y focos de luz eléctrica, que daban al recinto según cita la prensa “verdadero aspecto de boulevard” reflejando también la adoración cultural que en Zaragoza, y en España, se profesaba hacia todo lo que pareciera parisino.

Pero los cafés no solo eran objetos de artes decorativas. Muchos de ellos se convirtieron en refugios de pintores, no solo como enclaves para sus tertulias, sino que directamente se usaron como escaparates para sus obras, exponiéndose en ellos obras de algunos autores, especialmente en el caso zaragozano de la Sociedad de Acuarelistas fundada en 1884 por Manuel Viñado. Mariano Pescador, fotógrafo, también usó estos locales como marco para su obra, en su caso tenemos registrado el uso del Café de Ambos Mundos, además de la acera de enfrente del Café de Europa en la calle del Coso. Aunque hay que señalar que está no era un práctica exclusiva de cafés y otros comercios dejaban sus escaparates en ocasiones la servicio de estos artistas en el centro. Como señala Jesús Pedro Lorente, en la Zaragoza finisecular no había galeristas y marchantes de arte contemporáneo al uso y los artistas y el público agradecían estas ventas.

En los años ochenta, el eje de moda de la ciudad de Zaragoza se va torciendo hacia el Paseo de Independencia. Uno de los protagonistas de esto será “El café de Ambos Mundos”, inaugurado el 3 de octubre de 1881. Este icónico edificio contó con un emplazamiento privilegiado en un edificio recién construido en los números 30-32 ocupando toda su planta baja y una manzana entre las calle de Marqués de Casa Jiménez y Albareda. Propiedad de José Sánchez y Manuel Puy, las obras se realizaron bajo el maestro de obras Antonio Miranda y la pintura, que incluía dorados, a cargo de Alejo Pescador.

Era un local de enormes dimensiones, con 208 mesas de mármol, sillas de madera de la marca Thonet y los típicos divanes de terciopelo rojo decimonónicos. En total, tenía capacidad para servir a unas mil ochocientas personas, lo que lo convertía en un café monumental para la Zaragoza del momento. Además no solo llamó la atención por sus dimensiones, dentro acogía, como era habitual en estos espacios de ocio, escenas relacionadas con los continentes, siguiendo la corriente a su cosmopolita título. A estas escenas continentales sumamos temas alegóricos y elementos neoclasicistas siguiendo la moda de la época. También contaba con un restaurante y con un jardín, donde en las noches de verano se ofrecían veladas musicales que ampliaban el programa de conciertos interiores. Hasta su cierre se intentó mantener siempre en la vanguardia mediante mejoras y reformas continuas, en 1885 fue instalado un alumbrado eléctrico sustituyendo la antigua iluminación por gas, en 1889 se le dió un aspecto neorenacentista tras una reforma del arquitecto Julio Bravo, los pintores Nazario Benedí y Valentín Maiz, los tallistas Gargallo y Manuel Arpal, espejos y cristalería de Basilio Paraíso, grabado de cristales por León Quintana y, por último, tapicería y ebanistería por Manuel y Raimundo Muñoz.

Antes de pasar de local, no podemos dejar de señalar cómo este fue un lugar mítico y bastante longevo. José Alcrudo reunió en él a los nueve artistas que a mediados de siglo XX darían lugar al grupo Pórtico por primera vez. Y durante toda su vida fue refugio y lugar de encuentro de pintores junto con otros lugares como el café Matossi (frecuentado por escultores y pintores), el Pignatelli, el de Colón, el de las Cuatro Naciones, el del Universo y el Café Oriental -en cuya portada de madera se introdujo una de las primeras obras en estética modernista- que durante décadas acogieron a las personalidades relevantes del mundo de la política, la cultura y el arte. Debido, también, a ser centros de ocio cultural gracias a los numerosos conciertos2 y espectáculos variados que ofrecían. Pese a toda esta competencia fue el café de Ambos Mundos, fue el que definió la escena cultural de finales del siglo XIX en Zaragoza sirviendo de lugar de reunión de sindicalistas, del compositor de zarzuelas Luna e incluso de hospital durante la Guerra Civil.

Ya bien entrado el siglo XX, durante los años treinta llama la atención la Granja Dorée (paseo de Independencia, núm. 14), situada contigua al celebérrimo cine Doré, que a mediados de mayo de 1932 se publicitaba como “el café-bar al que las señoritas podían acudir para sus meriendas y aperitivos con la misma confianza que podían hacerlo los hombres”. Hoy en día este enunciado puede producir un poco de sorna, pero entonces no era frecuente encontrarse con mujeres sin compañía masculina en bares, ya que estas solían verse en cafés o salones de té alejadas del mundo público recluidas en el espacio privado y alejadas de ese proceso de creación artística y cultural que se llevaba a cabo en los locales de ocio.

Sin embargo, si hemos de destacar un local en esta década es el Café Salduba, proyectado por los hermanos Borobio. Abierto como reforma y ampliación del antiguo Café La Perla en los números 6-7 de la entonces Plaza Constitución, la actual plaza España. Derribado en 1954, en su lugar encontramos el Banco Exterior de España.

La reforma interna citada afectó a su organización en planta y fachada, en la que se incluye un mirador de cristal y luces de neón, y a su decoración interior que intentó colocarse a la vanguardia de las modas europeas. Los hermanos Borobio se encargaron de diseñar el mobiliario y los elementos decorativos de apliques de luz con formas de animales, encargados al forjador Manuel Tolosa. Incluso José Borobio se encargó personalmente de diseñar la decoración mural para que la desarrollaran los hermanos Codín que trasladaron sus bocetos. En la planta baja se colocaron óleos sobre lienzo pegados a placas de uralita y en estos se veían cinco grandes murales de aspecto geométrico y temática relacionada con la feliz vida cotidiana de un café: billares, dominós, camareros, mujeres y hombres charlando, músicos y notas musicales. En una crítica de la época del Heraldo de Aragón se recogen los halagos a esta obra que la definen como de “vanguardia”, “sintético”, “futurista”, “valiosos testimonios”…

A este café se le añadió en 1933 un “jardín” decorado con cristaleras traslúcidas en el techo y globos o esferas colgantes y, para acompañar, las paredes fueron pintadas con un paisaje poblado por numerosas plantas y animales en colores chillones. También se colocó un “Salón de las cinco estaciones” con un programa unitario pintado al fresco dedicado a las cuatro estaciones del año y a la estación de ferrocarril norte de Zaragoza. Se trató de un ejercicio de muralismo relativamente frecuente y típico de la primera mitad del siglo XX, momento en el que grandes artistas latinoamericanos como Orozco, Rivera o Covarrubias estaban poniendo sus pinceles en paredes al servicio de gobiernos, instituciones, empresas y exposiciones. Además, muchos de estos también trabajaban como ilustradores o sus obras eran reproducidas en revistas, por lo que la influencia de sus modos de trabajar viajó muy rápido y tuvo un efecto inmediato en expresiones artísticas muy diversas casi inmediatamente como es en el caso del Café Salduba.

La grandiosidad y elegancia de este local atrajo a numerosa clientela, en concreto a clientes relacionados con el mundo del teatro ya fueran realizadores o público que después de las obras se quedaban en el Salduba hasta altas horas de la madrugada. Antes de la Guerra Civil fue un ejemplo de esa alegría de vivir característica tras la Primera Guerra Mundial y uno de los centros más importantes de la ciudad por acoger a las rabiosamente sorprendentes orquestas jazz como “La Bandoneón Jazz” que actuó en el Salduba en 1931, algo bastante sorprendente ya que en España el jazz no fue un género muy conocido ni solicitado. Asimismo, era punto de reunión y celebración de tertulias de variada índole con protagonistas como futbolistas y toreros, los héroes populares del momento. Un lugar revolucionario en más de un sentido, incluso, por supuesto, políticamente. A comienzos de enero de 1935 en la terraza del Salduba se reunieron diversos militantes anarquistas con el posibilista libertario Pestaña. Pestaña pretendía preparar una nueva sociedad posrevolucionaria a partir de sindicatos, municipios y cooperativas. Para ello desea iniciar una Agrupación local de su Partido Sindical en Zaragoza, con Valeriano San Agustín y Dámaso Infante Díaz, que se presentara a las elecciones, lo que finalmente ocurriría bajo el paraguas de Frente Popular pocos meses antes del inicio de la Guerra Civil.

Durante el desarrollo de la contienda civil (1936-9) y sobre todo, después de su finalización, se introdujeron algunas modificaciones en los cafés y en los bares como reflejo del panorama político y social vivido en aquellos momentos. De este modo, algunos espacios dedicados al ocio, cambiaron de denominación, de gusto y de títulos: el bar Rojo y Blanco (plaza de la constitución, núm. 5) pasó a ser el café bar Nacional en el 36; o el café Boulevard (paseo de la Independencia, núm. 17) se empezó a conocer como café El Español en 1938. Se cambiaron los nombres que estuvieran dedicados a la antiguamente deseada modernidad y a términos extranjerizantes.

Tras la contienda, pocos cafés quedaban en la ciudad que conservasen su viejo estilo, entre ellos, el de Ambos Mundos, el Gambrinus (Plaza de España núm. 1), de Levante (Paseo Pamplona, núm. 9), el Oriental (coso n.39), el Moderno (antiguo Royalty), el café bar Nacional (plaza españa n.5), el Haban (Plaza de España), el Salduba (plaza de españa n.6), el Baviera (independencia 23-5) y el Alaska (Independencia, núm 8) que seguían acogiendo tertulias y aglutinando peñas de artistas y personalidades del mundo del teatro,

A la contienda civil le siguió la Segunda Guerra Mundial, la pobreza y la autarquía. Una crisis de la que Zaragoza no empezó a salir hasta mediados de los años 50 cuando comenzó el llamado desarrollismo con los “Planes de Estabilización y Desarrollo”. La mayoría de estos viejos y renombrados cafés se mantuvo hasta mediados del siglo XX y fue principalmente durante la década de los cincuenta cuando se produjo su desaparición. Cuando la vida relajada del café ya no tenía mucho sentido. Los nuevos tiempos y gustos decretaron la pérdida de muchos cafés en muy pocos años.

En la segunda década del siglo XX en Zaragoza además de los cafés, comenzaron a abrirse los primeros bares de la ciudad, en los que se degustaba la cerveza, cuyo consumo se había extendido a finales del siglo XIX. Esta evolución continuó y la oferta de ocio se fue diversificando gracias a los teatros, salas de proyección, los music-hall o las asociaciones como el Ateneo de Zaragoza.

En los sesenta, cuando se establece el crecimiento demográfico, económico y social gracias a las oleadas migratorias que vaciaron el mundo rural, se constata también un cambio de modelo de vida con la apertura de nuevos establecimientos comerciales y de ocio: cafeterías, bares y salas de fiestas en la línea de los locales americanos, cambiando totalmente el antiguo paradigma europeo de ocio.

El café en su sentido clásico murió entonces y con él dejaron de existir como lugares permanentes de reunión, intercambio de ideas y tertulias. Con su desaparición quedó un vacío que no pudo ser sustituido por las cafeterías que pasaron a ser meros espacios de tránsito, privados de la profusa decoración y los característicos divanes de terciopelo rojo donde las personas podían hablar y divagar mientras se entregaban al productivo arte de perder el tiempo.

Tanto los cafés como estudios personales que hemos visto, fueron centros de inspiración, discusión y venta de arte, pero aquellos no fueron los únicos lugares de creación artística que ha albergado Zaragoza. a nuestros ojos el siglo XX nos dejó uno de los fenómenos creativos más interesantes: los talleres colectivos. Talleres que definieron el arte, principalmente la disciplina preferida del siglo XX, la pintura. Y en los que se está construyendo una concepción de arte más abierta, dinámica y heterodoxa en el siglo XXI.

Entre 1972 y 1976 actúa un curiosísimo colectivo artśitico que plantea una exploración plástica libre y rompedora. Unos jovencísimos artistas, de entre diecisiete y diecinueve años, que eran rechazados por todos los demás grupos imperantes del momento, del típico corte marxista de finales de la dictadura. Para estos comunistas, el colectivo, con su provocativo estilo dadaísta no eran sino una molesta muestra de decadencia burguesa, para los burgueses unos inútiles insoportables y para la policía que les investigó unos hippies sin más ideología que un inocuo libertarismo.

Seguramente todo ese desprecio les ayudó a hacerse notables, incluso su tercer estudio, en la Calle Juseppe Martínez apareció en la revista que certificó la transición cultural: Ajo Blanco. No es extraño que se hicieran eco de este local que podemos entender como mucho más que un simple lugar de trabajo, allí durmieron un sinfín de extranjeros y españoles afines a su anarquismo asindical, incluso se tiene registrado a un desertor portugués como habitante continuo de este estudio. Tanto este lugar como otros dos locales anteriores fueron lugares de fiestas y experimentaciones, en el primero (en la calle Diego Castrillo) empezaron a experimentar con materiales extraartśiticos del tipo de paneles, papel de muebles, cajas de frutas; en el segundo ( una buhardilla en la calle Santa Cruz) se acercan más plenamente al arte povera y al minimalismo; finalmente, en Juseppe Martínez, adquieren mayor color en su obra plástica y rimbombancia en la conceptual. Allí escribieron su Manifiesto Púnico o La Tortura del Pollo Urbano, tras este manifiesto deciden fundar una especie de Club que tendŕía su propia revista de arte “El Pollo Urbano” que no se público hasta tres años después, el 11 de marzo de 1977 en el bar El Rescoldo de Zaragoza, cuando el colectivo ya se había disuelto.

No fue el único grupo que tuvo sede en Zaragoza, otros muchos jugaron con estudios y expusieron en bares de la ciudad: Colectivo Arteymagen a finales de los noventa en el número 26 de María Lostal o el seguidor de Forma, el Colectivo Radiador que escribió el manifiesto “Unidos por el amor”, por el amor al símbolo y a la figuración y que expusieron en 1992 en el bar Bonanza.

En el momento actual Zaragoza sigue siendo una ciudad activa y creativa en la que los estudios y talleres siguen proliferando, aunque ya no nos encontramos en una ciudad tan tremendamente centralizada y las localizaciones se salen del antiguo centro. En vez de ver de estar buscando la visibilidad de las calles principales se han difuminado en el casco urbano. aunque podemos observar algunos núcleos en zonas particulares como el barrio de la Magdalena.

Para evidenciarlos y aumentar el interés por el arte y el coleccionismo en la ciudad de Zaragoza ha nacido la iniciativa “Opendoor ZGZ” que en 2016 celebró su primera edición. Se pretendió abrir las puertas de los estudios de trabajo para que el público pudiera conocer la creación artística desde otra perspectiva. Siguiendo las corrientes actuales en las que el proceso supera en importancia al objeto en numerosas ocasiones en el arte se permite observar esos procesos y los lugares en los que se llevan a cabo. Un total de 18 estudios participaron en la celebración inicial de esta convocatoria que podían conocerse directamente por rutas guiadas o incluso por talleres de los propios artistas. Un ejemplo de estos talleres abiertos sería el del artista Cayo, sito en la calle San Agustín n.6, en el este artista multidisciplinar practica la ilustración, el dibujo, el grafiti y el tatuaje para crear una obra irónica que vende rebeldía jugando con los símbolos típicos del imaginario popular español sobre México: calaveras, Vírgenes de Guadalupe, la omnipresente Frida Kahlo y cualquier colorido recuerdo al Día de los Muertos bajo una estética punk aparentemente descuidada que también dedica a un sin fin de símbolos Pop, toda una delicia del kitsch posmoderno. Este juego de rebeldía estética tiene su respuesta justo enfrente del mismo local en los muros decorados por el festival de arte urbano “Asalto”, festival que desde 2005 juega entre los delicados parámetros de la participación ciudadana, la revitalización de zonas, el arte urbano y la gentrificación. Sus organizadores intentan dar lugar a piezas vanguardistas, participativas e impactantes de artistas urbanos del panorama nacional e internacional. Al ser visibles los procesos de creación rompen con el antiguo paradigma de secretismo e ilegalidad del grafiti y hacen del proceso un espectáculo para los que quieran contemplarlo. Es un ejemplo de como en la era de la posmodernidad, o del capitalismo tardío, es la era de la información en la que algo que tiene un carácter casi de trabajo mecánico (se trata de grandes y viejos muros, no pequeños lienzos para el “pintor genio”) caracterizado por la suciedad y los andamiajes se encuentra inserto en un proceso de fusión en lo simbólico convirtiéndose en algo abierto y atractivo.

En el céntrico barrio de La Magdalena no son extraños ni los grafitis (legales o no) ni los talleres y centros culturales. En general se trata de un barrio con un fuerte capital cultural y político que en los últimos años ha empezado a acaparar las miradas de iniciativas públicas y privadas. En el 2003 se abrió en la Plaza de San Agustín, en el antiguo convento de San Agustín, el Centro de Historia como un lugar de memoria y exposición de arte moderno que desde 2013 es la sede de la Escuela-Museo de Origami de Zaragoza (el primer museo de Origami de Europa). Todos estos movimientos han despertado suspicacias y se ha empezado a clamar que el barrio estaba siendo gentrificado. Aunque esto no parece molestar mucho a los antiguos pobladores pues hace 20 años el barrio estaba envejeciendo a pasos agigantados según los intereses inmobiliarios se desplazaron a las afueras imitando los suburbios americanos. Así este barrio tradicionalmente obrero, que en los años ochenta y noventa del siglo XX tuvo mala fama gracias a los problemas de drogadicción y la llegada de nuevos habitantes de diversas etnias seguidos de movimientos racistas (que están lejos de desaparecer), ha recibido con cierta esperanza en la última década a los nuevos pobladores jóvenes con sus negocios alternativos y el tejido asociativo proactivo que han traído. Aunque también es cierto que la popularización del barrio con iniciativas como el “juepincho” han decepcionado a los estetas contraculturales que pretendían mantener cierta separación “hipster” de la masa poblacional.

Más allá de que proceso exacto se este llevando a cabo en la Magdalena y si este termine teniendo un cariz negativo, la ebullición de proyectos es innegable. Tras las acampadas del 15M la organización política de la ciudad se ha deslizado hacia esta zona, que con anterioridad ya tenía relevancia política. Allí se encuentra la sede del Consejo de la Juventud del PC. Y allí locales como A Flama que se define en aragonés3 atestiguan un ocio contestario y militante de relacionado con libertarios, comunistas, proyectos de autogestión, feministas, veganos…

Ya casi abandonando este barrio de La Magdalena no podemos dejar de hablar de otro de los locales de ebullición cultural más importantes de Zaragoza: el centro social/librería La Pantera Rossa. Situado en la calle Vicente de Paul, su apertura vió venir el 15M en el 2010. Antes de la inauguración ya dejaban explícito su carácter reivindicativo en sus cristaleras que enunciaban “Próxima apertura por crisis”. En sus inicios fue sede de varios colectivos: un periódico, un grupo de investigación, un grupo antimilitarista y una red de apoyo a sin papeles. Apenas unos meses antes de las acampadas en la Plaza del Pilar ya calentó motores para las intensas movilizaciones que aún están en marcha convirtiéndose en un lugar de referencia en el que se han realizado exposiciones de arte, asambleas, presentado libros e iniciativas por las cabezas de los movimientos municipalistas, ecologistas, económicos, políticos y feministas.

Por último, llegamos al Barrio de San José y su Harinera ZGZ. Tras tres lustros cerrada, esta antigua fábrica de harinas se empezó a definir como objeto para una rehabilitación arquitectónica a manos del arquitecto Teófilo Martín, tras la compra de este edificio privado por el Teniente Alcalde de Urbanismo, Antonio Gaspar de la CHA que, entre sus funciones, tenía en marcha proyectos de rehabilitación urbana por toda Zaragoza, a cambio de unos terrenos en Valdespartera y un millón y medio de euros de la inmobiliaria que irían a parar a la propia rehabilitación del edificio. En inicios no se supo que hacer con este local y se habló de colocar una fundación de arte contemporáneo a imagen de otros ejemplos de patrimonio industrial reutilizados como espacios culturales4. Finalmente el proyecto de gestión y uso de la Harinera es encabezado por el colectivo de agentes culturales “Llámalo H”, formado por artistas y gestores, la Asociación Vecinal del Barrio de San José y técnicos de Zaragoza Cultura que colaboran en los grupos de trabajo y comisiones.

Así se ha definido como un espacio que acoge talleres, actividades y proyectos de arte contemporáneo en todos sus ámbitos enfocados hacia la población del barrio, aunque la participación trasciende de los límites del censo barrial. Y sus intereses también, pues uno de los proyectos más interesantes para nosotras, que en este texto andamos detrás de los “lugares del arte”, es Topos, una búsqueda cartográfica de los artistas y proyectos que transcurren, aparecen y desaparecen en Zaragoza. Este mapeo abierto a la participación tiene un reflejo físico en la sede de la Harinera ZGZ y un espacio digital que deja a la libre interpretación de quién quiera buscar estos lugares lo que es un proceso creativo y lo que merece ser señalado como arte, librandonos de la necesidad de ser sancionados por autoridades intelectuales.

Con la puesta en marcha de la Harinera ZGZ se esperaba propiciar el progreso social, económico y cultural del Barrio, estimulando la cultura participativa y la creación cultural entre diferentes sectores de la población. Se enarbola como un centro de empoderamiento activo y de transformación del espacio urbano a través de la creatividad que acepta nuevos proyectos constantemente de manera horizontal siempre estos estén encaminados a aportar vida y cultura al barrio.

Este espacio comienza su andaddura dentro de un contexto general complicado para la creación. En la actualidad las palabras que siguen a la creación artística son industria cultural y precaridad. Horkheimer y Adorno en su texto de los años cuarenta “La industria cultural: Ilustración como engaño de masas” ya advertían de la deriva que estaba tomando la cultura economizada. Aunque en este escrito estaba dirigido contra la comercialización del arte y la uniformización de la cultura a cargo del gobierno de los Estados Unidos. Tremendamente pesimistas y esnobs, eran escépticos hacia los nuevos medios de masas y los pretendieron descalificar al asociar a sus obras la palabra “industria”. Definiendo un consumidor sin rostro que se aferraba a la ideología que lo esclavizaba. Un consumidor abotargado seducido por un discurso masivo, pasivizante, heterodeterminado, mentiroso y esclavizante. El primer pero que habría de poner a estas palabras es que no supieron ver, como sí lo hicieron otros teóricos en la rama de Walter Benjamin, el poder de estos medios. En lugar de contemplar la industria cultural como un sustituto de las esferas culturales burguesas de las vanguardias intelectuales, lo veían como una degeneración pseudo apocalíptica.

Dentro de la propia Harinera ZGZ nos fijamos en seguida que esta industria económica es representada, principalmente, por pequeños negocios de productoras autónomas individuales que pueden funcionar en colectivos ocasionalmente, acumulandose en clusters. De hecho es más que frecuente que estas microinstituciones sean limitadas temporalmente a proyectos concretos y tras estos se disuelvan, lejos de los colectivos artísticos aragoneses del s. XX (Grupo Pórtico, Forma, Trama…). Quizás esta miniaturización sea su principal problema, la empresaria se ha convertido en una trabajadora que salta de proyecto en proyecto, muchas veces bajo subcontratas de grandes empresas o instituciones públicas. Los individuos creativos se pierden hoy en el relato de libertad, independencia y autogobierno. La flexibilidad se convierte en precariedad mientras, como definía el teórico Andrew Ross, la bohemia se “industrializa” y las antiguas figuras del bohemio y el burgués se recomponen para edulcorar la actual situación de “la clase creativa”. Se sabe que los productores culturales actuales tienen parámetros comunes. Se tratan de individuos notablemente instruidos, entre veinticinco y cuarenta años, sin descendencia y empleo precario que combinan con la actividad cultural persiguiendo proyectos y compatibilizándolos en el tiempo a costa de su vida personal en la que no hay fronteras con la profesional ni seguridad social.

Y contra esta situación es con lo que trabajan los colectivos de la Harinera ZGZ. Aunque las dificultades a la hora de romper los paradigmas culturales preexistentes son grandes, la Harinera ZGZ se enarbola como uno de aquellos lugares que Jaron Rowan denomina “Unicornios”. Acogida por el Ayuntamiento de cariz municipalista de Pedro Santisteve y el concejal de cultura Fernando Rivarés este unicornio pretende encontrar las nuevas prácticas culturales, paradigmas, espacios y redes que persiguen esa utopía que los nuevos imaginarios políticos condensados en la mentalidad posterior al 15M. Ante estos deseos muchas veces los modos de la gestión pública se quedan cortos, las fórmulas de contratación, regulación del espacio público, los criterios de ayudas y subvenciones…son barreras que superar por los gestores municipales que dependen de una jurisprudencia anticuada y, en ocasiones, retrógrada e ineficaz.

Así nos queda el triángulo de grandes empresas, instituciones públicas y autogestión. Siendo que esta última puede o no colaborar con lo público. Entre estas tres aguas los agentes culturales, generalmente freelance, intentan huir de la normalización de los bajos salarios y la inestabilidad económica. No es un panorama muy alentador, pero sigue en permanente evolución y, lo más útil, cuestionamiento. En esta línea se acogieron las jornadas “Tramitar un unicornio” en las que los propios profesionales pusieron en común su visión sobre los procesos comunitarios, la reivindicación de espacios públicos, movimientos de participación ciudadana…Sobra decir que no hay conclusión.

FUENTES:

http://aflamatabierna.blogspot.com.es/

http://ctxt.es/es/20150722/Culturas/1969/

https://www.elplata.com/cabaret/

http://www.festivalasalto.com/

http://www.lapanterarossa.net/

http://opendoorzgz.com/

http://toposzgz.es/inicio/

http://tramitarunicornio.com/

Gonzalo Puyod, Alejandro, Gentrificación en el casco histórico de Zaragoza, Universidad Complutense de Madrid, 2015.

Hernández Latas, José Antonio, Primeros tiempos de la Fotografía en Zaragoza, Cajalón, 2010.

Peiró, Marisa, Miguel Covarrubias (1904-1957) y China: relaciones artísticas y culturales, Universidad de Zaragoza, 2013.

Rowan, Jaron, Cultura libre de estado, Traficantes de sueños, 2016.

Soja, Edward W., Postmetropolis. Estudios críticos sobre las ciudades y las regiones, Traficantes de sueños, 2008.

Vazquez, Mónica, Cafés de Zaragoza. Su biografía, 1797-1939, Institución Fernando el Católico, 2015.

V.V.A.A., Producción cultural y prácticas instituyentes. Líneas de ruptura de la crítica institucional, Traficantes de sueños, 2008.

Esta investigación está realizada por Maria Galindo y se encuentra bajo licencia Creative Commons CC BY-NC-SA.

La licencia “Reconocimiento-NoComercial-CompartirIgual” permite entremezclar, ajustar y construir a partir de esta obra con fines no comerciales, siempre y cuando se reconozca la autoría y las nuevas creaciones estén bajo una licencia con los mismos términos.

En el siguiente link encontrará un resumen de la licencia más extendido:

https://creativecommons.org/licenses/by-nc-sa/4.0/

1 Esta puerta se localizaba junto a las ruinas del convento de Santa Engracia, para recordar el heroico esfuerzo, valor y sufrimiento de los defensores del ciudad en la Guerra de Independencia. Se empezó a construir en 1830 y sus obras se suspendieron cinco años más tarde.

2 En el café París estaban dirigidos por Enrique Malumbres y en el café de Ambos Mundos por José María Moneva

3 En su web los leemos como una “tabierna cooperativa aragonesa con productos locals, restaurant vegano, bieras artesanas y espacio d’actividaz culturals y socials dá ciudat”

4 Ejemplos de esto serían la Tate Modern de Londres, el CaixaForum de Barcelona, la Tabakalera de San Sebastián…

Anuncios